Tengo que admitirlo: no todo en las princesas Disney es malo

Si, ya sé que esa frase viniendo de mí (una promotora de los derechos de las mujeres) debe sonar bastante extraño, pero debo de admitir que no todo es malo en ellas y que hay muchas cosas buenas que se pueden usar cuando uno está criando.  ¿Y por qué escribo esto? Porque últimamente he visto posts donde satanizan el hecho de que las niñas quieran ser princesas, y señoras y señores, eso no es tan así: las princesas de Disney, incluso las más antiguas, todavía tienen cosas que enseñar.

La mayoría de las niñas pasamos por la etapa princesa: hermosos vestidos pompón, zapatillas, peinados bonitos y amigos que siempre están felices.  Pero yendo más allá, ser una “princesa” implica derechos y deberes que son importantes para criar una adulta que, además de ser independiente y fuerte, tenga valores.  Cuando Manuela pasó por esta etapa, establecimos lo que se llamó “el manual de las princesas”, que era una recopilación de cosas buenas que encontrábamos en las películas y libros de Disney y que ella seguía al pie de la letra (la mayoría de las veces).

Si lo miran detenidamente, ser princesa no es solamente vestidos bonitos, hacer lo que se le de la gana, pataletosa y dependiente de un hombre.  Las princesas tienen obligaciones con su familia y con la comunidad en donde está, es generosa y amable con las personas que se acercan a ella, colabora con las actividades de la vida diaria, tienen modales impecables en todos los espacios y cuidan a los animales y el medio ambiente.  Y acá voy a hacer una aclaración: que colaboren en la casa no significa que están criando a una empleada de servicio: a los hijos hay que darles tareas y obligaciones y aplica tanto para hombres como para mujeres.  Esto les enseñará a ser autosuficientes cuando llegue el día de su independencia, a colaborar cuando están en una casa ajena y a que las cargas siempre son compartidas.

La generosidad y los buenos modales nunca pasarán de moda.  Los que me conocen saben lo mucho que me quejo de esos que no ceden el puesto a personas que realmente lo necesitan, o lo que es peor, se lo pelean; no aguanto a los que tiran basuras al piso teniendo la caneca al lado; me saca de mis casillas esas personas que se sientan a esperar a que todo le hagan.  Lo siento, pero esas no son actitudes de princesas, sino de personas que no les enseñaron los verdaderos valores, porque no me imagino a Blancanieves sentada esperando a que los 7 enanos le hagan la comida después de un día de trabajo, o a Mulan quitándole el puesto a un anciano… deshonor a ti, deshonor a tu casa, deshonor a tu vaca.

Si, las princesas tienen aspectos negativos que no se deben de perder de vista, pero tampoco todo es malo, y si usted es de esas mujeres que cree que ser una significa que va a tener un ejército de sirvientes haciéndole todo y que hay un príncipe encantador que le hará la vida feliz, la invito a que mire la vida y obra de la princesa Diana de Gales.

Como recomendación final, tengan cuidado con el uso de las palabras mágicas, no sea que les pase como a mi hermana y mi hija: mi hermana le preguntó que si podía hacer algo y ella le pidió las palabras mágicas (por favor) y mi hermana le respondió: ¡ABRACADABRA!.

Hasta la próxima.

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