Un año más…

En retrospectiva, 2013 fue un año bastante interesante para mí y todos los que de alguna forma están en mi cotidianidad: regresar a Medellín, la expectativa del sobrino que tanto había pedido, unas cuantas decepciones de personas de las cuales tenía un concepto totalmente diferente, y otro tanto de sorpresas de personas que transformaron totalmente el concepto que tenía de ellas.

Como cosa rara, el 90% de mis mega-proyectos para el año no se ejecutaron, mucha gente entró y salió del panorama, y se revivieron viejas amistades.  No fue un año malo, no lo veo de esa manera, aprendí mucho en el camino y que de a pocos, mi vida se ha ido asentando y ajustando más a lo que quisiera que fuera.  Intenté aplicar el: “haz lo que te apasiona” y  me di cuenta de que hace mucho perdí mi pasión por lo que hago, aunque descubrí nuevas pasiones que ayudan a compensar un poco lo perdido.

Cumplí los tan temidos 35 años con el cambio de look que siempre anuncié para cuando llegara a esta edad.  Comencé con el propósito de mejorar mi estado físico haciendo más deporte, retomé en parte la escritura y me propuse a sacarle más tiempo a mis libros y no dejar que el trabajo o la cotidianidad me dejen sin tiempo para mí y los míos.  Sigo sin poder ejecutar mi plan A: ganarme el baloto, así que seguimos ejecutando el plan B y esperando poder volver a enamorarme de mi profesión.

Se cierra un ciclo… Se acaba otro año… Se viene una nueva oportunidad de cambiar nuestra propia historia… Pero, ¿Por qué esperar a que el calendario se reinicie para hacerse “propósitos”? ¿Por qué los seres humanos tenemos esa capacidad de creer que el 31 de Diciembre, todo lo malo va a desaparecer y mágicamente el 1 de Enero todo será diferente? Nada cambia a menos que uno quiera que cambie, nada es diferente si no haces nada para que sea diferente, y eso se puede comenzar en cualquiera de los otros 364 días del año, aunque no se puede negar que se hace místico pensarlo justo cuando se acaba el año.

Y pues, para que no se pierda la costumbre y por cortesía de mi hermana menor, una canción de calle 13 para levantar el ánimo de fin de año, porque hay que darle la vuelta al mundo.

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